septiembre 25, 2026
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Peritaje de incendios en sistemas de almacenamiento de energía con baterías de litio: metodología para la evaluación de riesgos y la determinación de causas en siniestros

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Introducción al peritaje de incendios en sistemas de baterías de litio

El crecimiento acelerado del almacenamiento de energía mediante baterías de iones de litio ha traído consigo nuevos desafíos en materia de seguridad contra incendios. Los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (SAEB) están presentes en plantas de generación renovable, instalaciones industriales, edificios comerciales e incluso en el ámbito residencial. Aunque estas baterías ofrecen altas densidades energéticas y gran eficiencia, su comportamiento ante fallos críticos puede desencadenar incendios de rápida propagación, explosiones y emisiones de gases tóxicos. En este contexto, el peritaje de incendios se ha convertido en una disciplina especializada e imprescindible para determinar las causas de un siniestro, evaluar los factores de riesgo y establecer responsabilidades técnicas, legales y económicas.

Un peritaje riguroso en un sistema de baterías de litio no puede abordarse como un incendio convencional. Las reacciones químicas internas, la arquitectura modular de celdas y la presencia de electrolitos inflamables exigen una metodología de investigación adaptada. El investigador debe combinar conocimientos de electroquímica, ingeniería de seguridad contra incendios, gestión térmica y normativa internacional para reconstruir la secuencia del fallo. Este artículo expone una metodología sistemática para la evaluación de riesgos y la determinación de causas en siniestros que involucran baterías de litio, dirigida tanto a peritos, ingenieros, aseguradoras como a responsables de instalaciones.

Comprendiendo la naturaleza del incendio en baterías de iones de litio

El fenómeno de la fuga térmica

La fuga térmica, también conocida como embalamiento térmico (del inglés thermal runaway), es el proceso clave que diferencia un incendio en baterías de litio de cualquier otro fuego. Se trata de una reacción en cadena autosostenida que se inicia cuando una celda alcanza una temperatura crítica, generalmente por encima de los 150‑200 °C. En ese punto, los materiales internos se descomponen, generando gases inflamables y liberando oxígeno, lo que retroalimenta el calor y propaga el fallo a celdas adyacentes. El resultado es un incendio violento con llamas de chorro, proyección de partículas incandescentes y, en espacios confinados, riesgo de explosión por acumulación de gases.

La velocidad de propagación de la fuga térmica depende del estado de carga de la batería, la química de las celdas (óxido de cobalto, litio-ferrofosfato, etc.) y del diseño del sistema de gestión térmica. Durante un peritaje, es fundamental identificar si el fenómeno se originó en una única celda, en un módulo o si se debió a un fallo sistémico. La presencia de electrolito líquido inflamable y la generación de fluoruro de hidrógeno añaden complejidad a la investigación y exigen medidas de protección personal y procedimientos específicos para la recogida de muestras.

Factores de riesgo y modos de fallo

Los incendios en baterías de litio pueden tener múltiples desencadenantes, muchos de los cuales se combinan para superar los límites de seguridad inherentes del sistema. Los principales modos de fallo incluyen:

  • Sobrecarga eléctrica: tensión o corriente excesivas que provocan calentamiento interno y descomposición del cátodo.
  • Cortocircuito interno: causado por impurezas metálicas, defectos de fabricación o crecimiento de dendritas de litio que perforan el separador.
  • Daño mecánico: impacto o perforación que compromete la integridad de la celda y genera un cortocircuito externo e interno.
  • Sobrecalentamiento externo: exposición a fuentes de calor o un mal diseño de la refrigeración que eleva la temperatura por encima del umbral crítico.
  • Degradación progresiva: envejecimiento de los componentes y formación de capas de interfaz sólido-electrolito que aumentan la resistencia interna y la generación de calor.

La investigación pericial debe considerar cada uno de estos factores mediante un análisis detallado de los registros del sistema de gestión de la batería (BMS, por sus siglas en inglés), las condiciones ambientales en el momento del siniestro y el historial de mantenimiento. A menudo, la coexistencia de varios fallos latentes complica la determinación de una única causa raíz; por ello, se emplean árboles de fallos y análisis modal de fallos y efectos (AMFE) para estructurar la búsqueda. La correcta interpretación de los patrones de daño en los electrodos y separadores, observados mediante microscopía electrónica, resulta clave para diferenciar una sobrecarga de un cortocircuito interno.

Metodología de investigación forense en siniestros con baterías de litio

Fase 1: Recopilación de información previa

Antes de acceder al lugar del siniestro, el perito debe reunir toda la documentación técnica disponible: hojas de datos de seguridad (FDS) de las celdas, certificaciones (IEC 62619, UL 9540A), manuales de instalación y protocolos de mantenimiento. Asimismo, se solicitarán los registros históricos del BMS, que incluyen tensiones, corrientes, temperaturas de cada módulo, eventos de alarma y fallos previos. Esta información permite acotar las hipótesis de trabajo y preparar el equipo de protección necesario para la inspección.

Además, se deben entrevistar a los operadores y responsables de la instalación para conocer las circunstancias previas al incendio, como fluctuaciones en la red eléctrica, trabajos de mantenimiento recientes o avisos del sistema de monitorización. La cadena de custodia de los datos electrónicos y de los componentes físicos debe quedar perfectamente documentada desde este momento, garantizando la trazabilidad de cualquier evidencia que pueda ser utilizada en un procedimiento judicial o de reclamación de seguros.

Fase 2: Inspección in situ y recogida de evidencias

La inspección ocular del SAEB siniestrado se realiza siempre con equipos de protección respiratoria y trajes resistentes a productos químicos, debido a la posible presencia de gases como el fluoruro de hidrógeno y monóxido de carbono. Se fotografía y se mapea toda el área, prestando especial atención a los patrones de proyección de restos, zonas de mayor carbonización y la situación de las envolventes de los módulos. El primer objetivo es localizar el módulo o módulos donde se inició la fuga térmica, identificando posibles testigos del inicio de la combustión o restos de celda con daños más severos.

Durante esta fase se recogen muestras de electrolito residual, fragmentos de separadores, electrodos y, si es posible, conexiones eléctricas que hayan preservado su integridad. También se toman registros de la instalación eléctrica general: protecciones, seccionadores, estado de los conductores y posibles signos de arco eléctrico. Toda evidencia se embala en contenedores estancos y se traslada al laboratorio bajo condiciones que eviten la contaminación cruzada. Es fundamental elaborar un croquis detallado y una matriz de hallazgos que relacione cada evidencia con las hipótesis de fallo.

Fase 3: Análisis en laboratorio y ensayos destructivos/no destructivos

En el laboratorio se aplican técnicas como la tomografía computarizada (TC) para examinar celdas sin desmontar, la microscopía electrónica de barrido (MEB) con espectroscopía de rayos X (EDS) para analizar la composición de los depósitos y la cromatografía de gases para identificar los productos de descomposición. Estos ensayos permiten determinar si existió crecimiento dendrítico, fusión prematura del separador o presencia de contaminantes metálicos. El análisis comparativo con celdas de referencia no siniestradas ayuda a distinguir entre daños causados por el fuego y aquellos que fueron la causa primaria.

Paralelamente, se realizan simulaciones termodinámicas y eléctricas basadas en los datos del BMS para reproducir el comportamiento del sistema minutos antes del evento. En ocasiones, se llevan a cabo ensayos de abuso controlado sobre celdas del mismo lote –sobrecarga, cortocircuito, perforación– para comparar las firmas de fallo con las observadas en el siniestro. Todo ello debe quedar documentado en un informe pericial que explique de manera clara y fundamentada la cadena causal, desde el primer indicio hasta la propagación final.

Fase 4: Reconstrucción de la secuencia del siniestro

Con los datos recabados, se reconstruye cronológicamente el incendio utilizando herramientas de dinámica de fluidos computacional (CFD) y modelos de propagación térmica. Estos modelos integran la geometría del armario de baterías, los sistemas de ventilación y extinción, y las condiciones ambientales para simular cómo se expandieron las llamas y los gases. La validación del modelo con las marcas térmicas observadas en la estructura permite confirmar o descartar hipótesis sobre el origen.

La reconstrucción debe detallar el momento exacto en que el BMS perdió el control, si los sistemas de ventilación forzada contribuyeron a la dispersión de gases inflamables o si una extinción inadecuada agravó el siniestro. Esta fase es clave para emitir un dictamen sólido sobre la causa raíz y para formular recomendaciones que eviten la repetición del evento.

Herramientas y técnicas avanzadas para el investigador

Monitorización de gases y termografía

Durante los ensayos controlados o en inspecciones tempranas, la monitorización en tiempo real de los gases emitidos (CO, CO₂, H₂, HF, VOC) mediante analizadores infrarrojos y celdas electroquímicas proporciona información crítica sobre la fase de desarrollo de la fuga térmica. Un aumento brusco de monóxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles suele preceder a la ignición, mientras que la presencia de fluoruro de hidrógeno indica la ruptura del electrolito. La termografía infrarroja, por su parte, permite visualizar los gradientes de temperatura en la envolvente y localizar los puntos calientes sin necesidad de contacto, reduciendo el riesgo para el investigador.

Estas técnicas se complementan con la instalación de termopares y sensores de presión en puntos estratégicos durante la reconstrucción del evento. La correlación entre los picos de temperatura, la generación de gases y la activación de los dispositivos de seguridad (válvulas de alivio, sistemas de extinción) permite determinar si los sistemas de protección actuaron correctamente o si, por el contrario, fallaron y contribuyeron a la magnitud del siniestro.

Ensayos de propagación y modelado de incendios

Los laboratorios especializados disponen de plataformas capaces de inducir la fuga térmica mediante abuso térmico, eléctrico o mecánico y analizar la propagación entre celdas, módulos y packs completos. Estos ensayos, alineados con estándares como UL 9540A, miden la velocidad de propagación, la liberación de energía, la emisión de gases y la eficacia de los materiales de barrera. Los resultados permiten calibrar modelos de simulación que luego se aplican al escenario real del siniestro, aumentando la fiabilidad de la reconstrucción.

El modelado CFD integra la dinámica del incendio con la ventilación del recinto y la respuesta de los sistemas de extinción. Así, se puede evaluar si una falta de confinamiento o una ventilación insuficiente pudieron convertir un incidente localizado en un incendio generalizado. Estas herramientas, empleadas por peritos con formación específica, suponen un salto cualitativo frente a los métodos tradicionales de investigación de incendios y aportan un respaldo científico incuestionable al dictamen pericial. Para profundizar en estas metodologías, se recomienda consultar el artículo sobre técnicas forenses avanzadas en peritajes de incendios, donde se abordan en detalle los protocolos de determinación de origen y causa.

Normativa y estándares clave en seguridad de baterías de litio

El marco normativo para los SAEB se ha desarrollado intensamente en los últimos años, impulsado por la necesidad de garantizar la seguridad en aplicaciones estacionarias y de movilidad. Normas como la IEC 62619 –que cubre los requisitos de seguridad para celdas y baterías secundarias de litio para uso industrial– y la IEC 62620 establecen los ensayos de abuso eléctrico, térmico y mecánico que deben superar los sistemas. Por su parte, la UL 9540A, ampliamente adoptada en América del Norte, proporciona un método para evaluar la propagación de la fuga térmica a nivel de celda, módulo y unidad, siendo referencia obligada para los peritos que investigan la conformidad de una instalación.

En el ámbito europeo, el Reglamento de Productos de Construcción y las directivas de equipos a presión y atmósferas explosivas (ATEX) también pueden ser aplicables si el SAEB se integra en edificios o entornos industriales. El conocimiento profundo de estos estándares permite al perito contrastar si el diseño y la instalación del sistema cumplían con los requisitos mínimos de seguridad en el momento de su puesta en marcha. Además, la evolución hacia reglamentos específicos sobre almacenamiento de energía hace imprescindible que el investigador se mantenga actualizado para emitir dictámenes acordes al estado del arte.

Factores determinantes en la determinación de responsabilidades

La determinación de responsabilidades en un siniestro con baterías de litio es un proceso complejo que involucra a múltiples actores: el fabricante de celdas, el integrador del sistema, el instalador eléctrico, el responsable de mantenimiento e incluso el suministrador de la electrónica de control. Un BMS mal calibrado que no detecta una sobrecarga o una refrigeración insuficiente puede convertir un defecto menor en una fuga térmica catastrófica. Por ello, el perito debe analizar no solo el fallo inicial, sino toda la cadena de protección y la adecuación del diseño al uso previsto.

Asimismo, se evalúa si se siguieron las recomendaciones del fabricante en cuanto a separación entre módulos, sistemas de detección y extinción, y protocolos de respuesta ante emergencias. La presencia de modificaciones no autorizadas, falta de mantenimiento o desactivación de funciones de seguridad puede desplazar la responsabilidad hacia el propietario u operador. El informe pericial debe desglosar cada uno de estos aspectos con claridad, apoyado en los hallazgos forenses y la normativa aplicable, para servir como base en procedimientos judiciales, reclamaciones de seguros o arbitrajes. Dado el papel crucial que juegan las entidades aseguradoras en la cobertura de estos siniestros, resulta de gran valor conocer los peritajes para compañías aseguradoras, que se enfocan en la evaluación técnica precisa y la gestión de reclamaciones.

Conclusiones

Para usuarios no técnicos

Los incendios en baterías de litio de gran tamaño son fenómenos distintos a cualquier otro fuego. No basta con echar agua; requieren un conocimiento especializado de cómo se inicia y propaga el fallo. Un buen peritaje ayuda a entender por qué se produjo el siniestro, si se podía haber evitado y quién debe responder por los daños. Esto protege a propietarios, comunidades de vecinos y negocios, y sobre todo, salva vidas al impulsar instalaciones más seguras.

La transparencia que aporta una investigación científica independiente es la mejor garantía para que los responsables tomen conciencia de los riesgos. Si usted gestiona una planta con baterías o simplemente tiene una instalación en su empresa, exigir que en caso de incidente se realice un peritaje según la metodología aquí descrita es la forma más eficaz de defender sus derechos y mejorar la seguridad de todos.

Para profesionales y técnicos

La metodología de peritaje propuesta integra las mejores prácticas del análisis forense de incendios con los ensayos normalizados de abuso según IEC y UL. Los puntos críticos de la investigación se centran en la preservación de los registros del BMS, la inspección temprana para evitar la pérdida de evidencias volátiles y el empleo de técnicas de microscopía avanzada para distinguir modos de fallo. La simulación CFD y los ensayos de propagación son herramientas imprescindibles que permiten recrear el evento con rigor científico y sustentar las conclusiones en datos cuantitativos.

De cara al futuro, la incorporación de sensores de gases integrados en los propios módulos y la aplicación de inteligencia artificial para el análisis predictivo de fallos ofrecerán nuevas fuentes de información para el perito. Sin embargo, la base metodológica aquí expuesta seguirá siendo válida, pues se asienta en la comprensión profunda de los fenómenos termoquímicos y en una cadena de custodia intachable. Mantenerse actualizado en normativa y participar en ensayos interlaboratorios es esencial para que el dictamen pericial tenga el peso técnico necesario en cualquier foro.

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Mar Giménez
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